Dibujar una vida…

Siempre intento marcar líneas rectas en una vida que me empuja a salir fuera de la trazada marcada.

Con reglas que prometo pero no sigo, busco las excusas para no ser el culpable de los tachones que sobresalen en mis decisiones.

He aprendido que la verdad, a veces, también hay que escribirla con lápiz. Que borrar y volver a dibujar un destino, no significa rendirse.

Pasar página no siempre es la solución para tener la conciencia tranquila, es necesario cambiar de color y recomendable no olvidar desde donde empezaste.

Dicen que dibujar es un arte y hacerlo bien es de artistas, admiro a quien no necesita mis dichosas reglas, aquellos que a mano alzada te sacan sonrisas, con un desorden perfectamente organizado.

De ellos intento aprender que presumir o avergonzarse de los resultados, es cuestión de la satisfacción personal y no del ojo ajeno que continuamente nos examina.

Hay obras de arte que avergüenzan al autor, y vergüenzas que algunos presumen sin ver el desastre.

Dibujar una vida no es demasiado difícil, estar orgulloso y enseñar el dibujo sin miedo y con una sonrisa.

Es lo que marca la diferencia.

Poesía…

Me comí letras que un día vomitaron palabras y alguien llamó poesía, callé silencios en una conciencia que un día se cansó y grito con versos todo lo que sentía.

Vi injusticias en las que no tomé parte, pero el simple hecho de callarme me hacía partícipe, dándome asco, y prometiéndome que cambiaría.

Le hablé al amor, con la intención de sacar de mí todos los miedos, para no parecer una persona solitaria y fría.

Al principio era reacio a compartir mis emociones, mis derrotas y alegrías, con el tiempo me he dado cuenta de que de nada sirve esconderlas, si alguien al leerlas puede aprender, o simplemente no sentirse solo y vacío. Saber que hay más gente que decide ser valiente y dar un paso adelante, para luchar en esta guerra de miedos, amores y retos, que es la vida.

Inventando palabras…

Nos gustaban los juegos de palabras o simplemente era a ti que te daba miedo a decir te quiero. Me decías… sintigo, consiempre y besamor… Palabras que les cogí el cariño suficiente como para inventarme mi propio significado. Amigos, dos besos en público y unos cuantos like en las redes sociales para que los demás no pudieran sospechar. Como si fuese un crimen que dos personas sin compromiso amanecieran enredadas una vez por semana. La verdad que era menos veces de las que yo quería, pero el tiempo y el miedo a perderte hacía que nunca te cuestionara nada. Quien no ha vivido un amor así, se ha conformado con la intimidad de alguien que se sigue vendiendo como inaccesible. Es triste, pero aunque no lo reconozcamos, en esos amigos, siempre hay un corazón que saldrá dañado.

Nudos…

Por aquel entonces yo no dejaba títere con cabeza, disparaba sin mirar las consecuencias. Luego desaparecía y si en algún momento debía dar explicaciones, simplemente echaba la culpa a la edad y a las ganas de fiesta. Bebía y reía sin darme cuenta de que estaba sembrando un pasado que algún día me perseguiría. Ahora la vuelvo a ver, diez años después. Ella curada de espantos y yo huyendo de todo lo que se parecía mí. Al principio esperaba una conversación fría, al rato por alguna extraña razón mi versión de lo sucedido años atrás para ella eran bonitos recuerdos y una gran lección a la hora de querer(se). Un encuentro casual que se convirtió en unas ganas locas de arreglar el pasado, o arreglarme la vida después de tanto desastre.

Me enamoré como seguramente ella no hubiese imaginado, compartimos unas cuantas noches hasta la madrugada, un par de cines y algunos días en la playa. Aunque más distante acompañaba cada uno de mis besos con una sonrisa, pero poco a poco dejó de darme la atención que yo esperaba.

Han pasado unos meses de su último hasta mañana.

Hoy, ella comparte pareja y yo sigo desenredando nudos del pasado, con la esperanza de que no me terminen asfixiando.

Tormenta…

Desde que no hablamos consigo madrugar por las mañanas, reviso menos el móvil y me concentro más en el trabajo. Ya no persigo tus sombras ni espero a última hora a que decidas si te apetece perder el tiempo conmigo. Admito que a veces busco en las llamadas tú teléfono ya borrado, para volver a escribirte como si no hubiera pasado nada, pero siempre me vuelve a la cabeza tu indiferencia, tus excusas para terminar sin ropa y mis intentos de que todo merezca la pena. Promesas que quedan en el aire con un hasta mañana que los dos sabemos que es hasta que de nuevo quieras. Y si nos ponemos precio, para mí tú vales más que todas esas fotos de las que presumes, quizás ese es el motivo por el que siempre acabo contestando cuando acudes a mí como último recurso. Te excusas diciendo entre risas que eres tormenta y que conviertes en desastre todo lo que tocas, posiblemente sea de las pocas veces que te debería dar la razón. Por eso cada vez que pienso en volver a darte las buenas noches, escribo en papel todo lo que te echo de menos y lo guardo en la mesita de noche. Con la esperanza de que un día esa tormenta, merezca la pena.

Días de mierda…

A veces todo me parece una mierda,
si hace calor porque quiero lluvia,
si llueve porque quiero sol,
si me quiere no la merezco,
si la quiero sufrió por amor,
si quiero silencio el móvil no para de sonar, si me muero por dentro no tengo a quien llamar.
A veces todo me parece un túnel oscuro
en el que me tiro en la cama con papel y lápiz, disfrutando de lo mal que me va.
Y sí, soy un jodido loco que vive con una sonrisa y se ha acostumbrado a estar así.
Algunos me dirán cobarde, otros me aplauden por poderlo describir.
Pero a mi me gusta mi jodida vida
y mis días de mierda.
Porque están en mi cabeza,
y no salen de ahí.

En el momento equivocado…

No cree en el amor por miedo a encontrarlo, ahoga en alcohol las ilusiones que esperan, muere de frío en camas y brazos sin nombre, se traga las lágrimas muriendo de rabia.
Cerrojos sin llave que por celos se abren,
esperan que el tiempo la situación cambie.
Caprichoso el destino, sin duda, llegó tarde, cobran los platos rotos de mentes inmaduras.
No puede querer porque ni ella se quiere,
piropos que acaban en una sonrisa
pero por dentro muere de dudas.
Por suerte…
El tiempo es el amigo que todo lo cura.

Creo en los ángeles…

Y la vi bajar del cielo con una sonrisa,
la vi volando decidida hacia a mí,
pero yo no creo en los ángeles.
Me enamoré de su cara,
de su boca y de su mirada.
Pero yo soy un incrédulo
y ella no me prometió nada,
me secó las lágrimas
y extendió sus alas para darme
el mejor abrazo del mundo.
Y yo sorprendido rocé sus labios
con los dedos y memoricé
cada parte de su cuerpo.
Era la mujer perfecta
la que en mi vida siempre había soñado,
pero yo no creo en los ángeles
le dije mientras me apartaba.
Sin decir ni una palabra se arrancó
cada una de sus alas y las dejó en mi espalda.
Y se marchó andando sin decir nada,
con la misma sonrisa que llegó,
me dejó lo más preciado de su vida
y una lección que se me quedó grabada.
En ese momento entendí
que los ángeles existen y yo había
tenido la suerte de tocarla.
Desde entonces creo en el amor,
en los ángeles y en las personas
que dan su vida…
A cambio de nada.

Una vez a la semana…

Lo bueno de vivir solo es que nadie te mete prisa para hacer las tareas de casa, y aunque hay que hacerlas, las haces a tu ritmo, mamá dice que hay que darle la vuelta al colchón una vez a la semana, y es de lo poco que le hago caso, porque coincidía las veces que dormías en ella, siempre te quejabas, que si no estabas cómoda, que si hacía ruido… Y para mí era el mejor lugar del mundo con diferencia, y sí, ahí la diferencia la marcabas tú, porque ahora tengo colchón y cama nueva, que no hace ruido ni duele la espalda… Pero para mí no es tan cómoda, si no despierto a tu lado, aunque fuera eso…
Una vez a la semana.

Niña tímida

Hay personas que no cambian, o si…
Pero a mí me sigue pareciendo
la misma chiquilla tímida del colegio,
no solía destacar y siempre pasaba desapercibida,
pasaron amores, años…
Incluso el amor de su vida…
La vuelves a ver, pero ya una mujer,
una madre, con la misma inocencia en sus ojos…
Te preguntas que hubiera pasado
Si no hubieras sido ese chico tímido e invisible para el resto de la clase, y sobre todo, para ella.
Ahora es distinto, ella ha sufrido.
Y tú has vivido, vivido lo suficiente
para saber que se merece todo,
y todo llega, y le llegará…
Lo mejor, que yo lo veré a su lado.

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora